A diferencia de muchas ciudades del mundo, Cancún no se siente miedo, no se avergüenza y no pide disculpas y en eso radica su encanto. Así pues, que vengan danzarines mayas, piratas aventureros y universitario estadounidenses de vacaciones ávidos de cerveza. Cancún lo aguanta todo. Pero ¿podrá hacerlo el viajero?

Al igual que las vegas, Ibiza o Dubái, Cancún es una ciudad fiestera que no renuncia a nada. Añádase una playa de fábula y de la suma resulta uno de los máximos emporios turísticos del hemisferio occidental con cuatro millones de visitantes anuales (en su mayoría de EE UU ).Pero con tantos visitantes llega la delincuencia y la corrupción los establecimientos turísticos publicitados hasta el hartazgo el estriando y los abarrotamientos aunque también nace un titán económico y una imprevista metrópolis con una gastronomía cada vez más sofisticados en la parte antigua del centro hay unos cuantos locales nocturnos muy en la anda e incluso algunos mercados relativamente auténticos.

Los que quieran huir del gentío quizás deberían optar por alojarse en el cercano puerto Morelos, un pintoresco pueblo playero a solo 30 minutos carretera abajo, o en alguno de los numerosos complejos turísticos de la rivera Maya que funcionan en régimen de paquetes todo incluido en Cancún.

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